sábado, 21 de enero de 2012

20/07/11

Y la última vez que te vi fue allí, en esa luminosa habitación de hospital, casi tenías una sonrisa en los labios, como siempre, no lo dudo. Me dejaron a solas contigo poco tiempo, o al menos eso me pareció a mi después de una hora en la sala de espera llorando, como nunca. Me decían que no saldrías de esta, que era demasiado complicado. A mi me lo decían, que creía que eramos invencibles, que tu eras eterno, mi sueño. Puede que tus últimos minutos con esa expresión en la cara, de paz, de dulzura de seguir siendo tú, aunque con cicatrices, fueran conmigo. Esas cicatrices que me hacían hundirme cada vez más en mi propio miedo y en mi soledad, porque no me importaba nadie que no fueras tu en ese momento. Estuve apenas 10 minutos, todos decían que necesitabas descansar, que estabas muy grave. Dijeron algo de coma. Me negaba, me negaba a pensar que tú y yo no volveríamos a ir a la playa cogidos de la mano, que jamás volverías a besarme y a decirme que era tu pequeña, tu enana. No podía pensar que no te tendría más cerca. Y te abracé te juro, que si por la fuerza hubiera sido tu no hubieras dejado de respirar, que si de mi hubiera dependido esa barra jamás sería recta. Por mí, tendría mil altibajos, como cuando me besabas ,y me acariciabas la cara, o como cuando me sonreías y me hipnotizabas, como siempre mi corazón se paraba, pero con una nueva caricia se activaba.
Cuando todo era como siempre, yo no valoré lo que significaba un suspiro.
Pero dejaste de respirar, dejaste de hacer altibajos para hundirte en el más sumiso silencio, en el más terrible de los miedos. La muerte. Te fuiste entre mis brazos, sin darte cuenta que te llevaste mi alma contigo. Todo un yo, nunca podré superar esa imagen y esa lágrima cayendo por tu mejilla falta de vida, falta de fuerza para poder quedarte conmigo una vez más ,como siempre.
Te agarré la mano y temblorosa te dí la mía, como si eso sirviera para que volvieras al color.
Cerca de tu mesilla, un papel garabateado, en el que ponía te quiero.
No pude más y rompí a llorar, esperando que como siempre, tú me consolaras.
Y así fue como te perdí.

jueves, 5 de enero de 2012

Antes de poner en duda una sola de mis palabras, dime cuando te he mentido. Porque puedo equivocarme pero no te engañaría. Puedo girar bastante más deprisa de lo que luego tardo en equilibrarme. Puedo maltratarlo todo aunque no quiera. Y hay cuando no tengo nada y puedo con todo, y hay cuando no puedo con nada, y además, no lo quiero. Puedo escribir páginas y páginas de mentiras en primera persona, que nada tenga que ver con mi ánima, ni con nada de nada. Cada kilómetro a la espalda le resquebraja a cada uno de manera distinta el espejo. Y yo sólo voy dejando aquí y allá pruebas inexactas. Y a veces que ni eso, te juro mi vida que hay veces que ni eso. Golpear y resbalar indistintamente piel a pared, moratones vitalicios sin memoria. Cada herida es un misterio en la resaca, y que quieres que te diga, tampoco procuro entenderlo. Por que el "se mira pero no se toca" equivale al "se siente pero no se entiende". En cuanto a tentación y a los sentimientos se la traemos bastante floja, te lo digo por experiencia. Desarraigarse, mandarlo todo, maldita sea, por una vez, al infierno. Ser uno mismo a riesgo de caer en picado y para siempre en el intento. Aquí me tienes, con mi idilio de garrafón convertido en gas lacrimógeno. Te tomo prestada la mitad de tu pasado para derrochar, innecesariamente, cariño. Idílicamente tú, idílicamente yo. En el fondo mentimos como cosacos diciendo que en vez de evitar hundirnos, nos place la deriva, y que va en serio eso de que estamos locos y alegremente confundidos y tememos poquito más que la inseguridad. Antes, mucho antes de jugar a querernos, me acuerdo de situaciones lumínicas escandalosamente aburridas. Y de que vamos serenos con eso de que nunca seremos las cenizas de no vernos si bailamos, a las tres de la tarde como si fuesen de la mañana.L a conclusión, la epifanía.
De que si no estoy, del verbo estar con mayúsculas, te quemas. He jugado a jugar contigo y me has ganado. Y ha habido veces en las que no estaba jugando pero jugaba a que no te dieses cuenta. He subido a lo más alto sólo porque luego la hostia iba a ser mayor. Ser o no buena gente, así, tan buenagentemente dicho puede, en fin, qué sé yo, pero puede que sea saber quien te quiere. Que te lo mereces.