domingo, 28 de octubre de 2012

¿Fútbol?

Hace cosa de escasos dos años comencé a seguir este deporte. Me explico, de tercera división. Pero todo tiene una relación, hace dos años mi vida cambió por completo, me convertí de niña a mujer muy rápido, sufrí viendo como lo que más quería se iba debilitando hasta que se fue. Antes, yo sabía que cuando competía miraba a la grada y ahí estaba él, y cuando nos cruzábamos la mirada justo antes de dar la salida mientras me colocaba en los tacos de salida, siempre, siempre me levantaba el pulgar que significaba algo así como "va campeona, tú puedes". A pesar de que a él que me dedicara a pasar vallas no le gustara, sé que estaba orgulloso de mi. Pero de repente, todo fue cambiando poco a poco. Ya empezaba a volver sola de los entrenamientos, ya no venía él a recogerme. Lo asimilé porque sabía que al llegar a casa él estaría ahí preguntándome qué tal fue. Pero un mal día de verano todo eso cambió. Pasó de estar a medias a no estar. No lo quise aceptar y cuando unos meses después me volví a colocar en los tacos de salida con unas cuantas vallas delante de mi, volví a mirar a la grada. Miré y ya no estaba él ahí para levantarme el pulgar y animarme. Ahí decidí dejar lo que más me llenaba, dejé de ser vallista para siempre. Colgué las zapatillas y hasta el día de hoy, un año después. Pero yo tenía que llenar mis fines de semana con algo; cambié el tartán por el césped. Comencé a seguir partidos de fútbol de tercera división. Lo que empezó como algo para evadirme de todos los problemas que tenía encima se convirtió en rutina, ya de miércoles estaba pensando a dónde viajaría esta vez por el que comenzaba a convertirse en "mi equipo". Y pasando frío, calor, lluvia, sol, granizo, lo que hiciera falta, pero yo era feliz. Comenzaba a ser feliz aunque solo fuera durante 90'. Y esta es mi historia con el fútbol y con el que ahora es mi equipo. Sé que no sé nada sobre este deporte, pero sé que estoy dispuesta a animarles como la que más.


jueves, 25 de octubre de 2012

Eh, que yo no quiero decirte "grita al mundo que me quieres" y que me lo digas al oído porque yo sea tu mundo, no me hace falta eso. Con el simple hecho de que cuando apetezcas me digas ”te quiero” me sobra. Tampoco quiero que tú y yo estemos a tres metros sobre el cielo, prefiero estar a cinco, a seis o a siete metros del cielo si estas conmigo. Tampoco quiero que una carroza venga a por mi a las doce en punto y nos tengamos que ver a escondidas, quiero quedarme toda la noche contigo y si alguien tiene que venir a buscarme quiero que seas tú, como si vienes en una bici a por mi. Tampoco quiero que me regales anillos caros, ni joyas llenas de pedruscos de diamantes ni cosas así, prefiero que un día cualquiera cuando me levante tenga una nota en la mesita que ponga, "abre el cajón" y allí encontrarme una cajita y al abrirla me encuentre una pulsera sencilla, de algún mercadillo de playa tal vez. Tampoco quiero que en la lluvia aparezcas tú con un paraguas y me salves de la lluvia, quiero que aparezcas y me cojas de la mano e ir los dos juntos mojándonos y disfrutando del viento. Obviamente tampoco quiero levantarme como en una casa real y desayunar miles de cosas en una mesa kilométrica, no, tu y yo desayunaremos en el sofá viendo la tele, yo como siempre, me beberé un vaso de leche con nesquik, y tu tal vez te hagas unas tostadas. Tampoco quiero perder un zapatito de cristal y que vengas a probar si es mío, prefiero llevar una deportivas, así iremos a correr algunos fines de semana y cuando estemos cansados nos tumbaremos en el césped. Y por último no quiero comer perdices, ¿por qué comer perdices y no un buen plato de canelones? Prefiero los canelones.

lunes, 22 de octubre de 2012

Es el momento de escribir lo que nunca fui capaz de decirte. Aunque sea tarde, escribir lo que ha sucedido en una carta que no te voy a mandar. Que no vas a recibir nunca, que, como tu me enseñaste, cuando acabe de escribir la quemaré, los sentimientos se pondrán a arder y ese dolor, cómo era... Ah, sí, ese dolor "no se te queda tan dentro". Esta vez solo quiero ser clara, sería una imbécil si no gritara que me he equivocado, desde el principio, contigo. He intentado avanzar sin apartar antes las cosas que lo impedían, agarrada al pasado, mirando atrás, queriendo olvidar pero sin parar de recordar, empeñada en quedarme ahí. ¿Qué locura no? En medio de un lado y del otro, sin perdonar, sin perdonarme, sin avanzar. ¿Dónde está el secreto del futuro? Puede que esté en fijarse bien, en avanzar, mirar más cerca. Más. Tan cerca que lo borroso se vuelve nítido, se vuelve claro. Sólo hay que dejar que las cosas pasen. Y ahora lo tendría claro. Aunque ya no dependa de mi, tengo ganas de ti.
Nuestra vida se compone de imágenes, momentos congelados en el tiempo para siempre, de decisiones que cambian sin remedio el rumbo de las cosas, de fotografías fijas guardadas en la memoria que nos recuerdan cada segundo lo hermoso que es vivir.

lunes, 8 de octubre de 2012

Vengo a decirte lo mismo que tantas veces te he dicho, eso que poco me cuesta y que tú nunca has oído: pequeña de las dudas infinitas, aquí estaré esperando mientras viva. 
Vengo a decirte que el tiempo que ya llevamos perdido es solo un punto pequeño en el cielo del olvido. Que todo el daño que tengo y lo que ya hemos sufrido, tiene que servir de algo para que hayas aprendido. Que como yo a veces sueño nadie, ha soñado contigo. Que como te echo de menos, no hay en el mundo un castigo. No dejes que todo esto quede en nada porque te ahogases asustada...
Vengo a decir que lo siento aunque no tenga un motivo. Para que cuando este sola sientas que a tu lado sigo. Para que sientas que tienes siempre a tu lado un amigo. Porque no quiero perderte, no quiero ser yo el perdido.