¿Cómo te va por ahí
arriba? Hace casi un año, cuando pasó todo, dije que por gente como tú,
por cosas como lo que a ti te pasó, me hacía falta creer en el cielo;
algo en lo que nunca había creído hasta entonces. Me resultaba imposible
pensar que todo había acabado y que no sigues ahora por ahí arriba
haciendo de las tuyas. Por eso estoy convencida de que estás ahí.
Apuesto a que tenéis un campeonato paralelo y no me cabe duda de que
estarás peleando por ganarlo. Hay gente muy grande y especial ahí, pero
con tu fuerza, tu garra, tu agresividad y tu talento y, sobre todo, tu
juventud, no me cabe duda de que lo estás dando todo y tendrás tu
recompensa.
¿Recuerdas toda aquella
tontería de que los españoles no te teníamos cariño? Todo era mentira.
Creo que te lo demostramos bien en Cheste el año pasado. Paolo, tu
padre, nos pidió que no estuviéramos tristes, pero yo no pude parar de
llorar. Llevaba una peluca simulando tu pelo, que obviamente me quedaba
terrible, y era incapaz de parar las lágrimas. La verdad, debía de tener
una imagen lamentable, pero no me importó. Sentí, que de alguna manera,
te debía una disculpa, un homenaje y, sobre todo, demostrarte mi
cariño.
Además de todo eso, la
casualidad, el destino o lo que sea, ha querido que precisamente sea un
español, Álvaro Bautista, el que ocupe tu moto. Alvarito lo está
haciendo bien. Ya ha conseguido un par de podios y se ha ganado la
renovación. Le ha costado un poco la adaptación a la moto y el pelear
por buenos resultados, a ti también te estaba costando un poco, pero los
dos sois grandes y con el corazón enorme que tenéis sois capaces de
llegar a cualquier parte. Yo creo que además para él es un orgullo estar
sentado en esa moto y estar en tu equipo, con esas batallas que teníais
los dos hace años. Estoy segura de que tanto él como el Honda Gresini
se acuerdan mucho de ti. Cómo no va a ser así, si todos lo hacemos.
¿Sabes? Creo que me
debes una explicación. A quienes se lo comenté me llamaron loca, quizá
lo esté, pero yo estoy convencida de que “metiste mano” en la carrera de
Misano. No podía ser de otra forma en un circuito que ahora lleva tu
nombre. ¿Jorge Lorenzo, Valentino Rossi y Álvaro Bautista? Tuviste que
ser tú. Creo que quizá hubieras querido otro orden, pero no podían ser
más que ellos tres. Jorge, con todos esos problemas que tuviste con él,
se sintió realmente mal cuando te fuiste. En ese momento las cosas
estaban tensas entre vosotros y su mejor disculpa fue ir a tu funeral y
estar con tu familia. De verdad lo sintió y creo que te llegó todo su
sentimiento. El gesto le honró y has querido devolvérselo. ¿Qué decir de
Valentino? Tu amigo, tu apoyo, salvo en el fútbol claro, pero eso se le
perdona siempre a quien nos es especial. Solo tú y él podéis saber cómo
le afectó a Vale el accidente, cómo se siente tras lo que pasó… Pero
estoy segura de que él también sabe que tú empujaste esa moto para que
subiera al podio. Para que todo su corazón se llenase de ti y de ese
sentimiento que sólo un buen amigo puede tener. Para que se le fueran
todos los malos pensamientos y volviese a aparecer esa sonrisa suya con
la que a todos nos gana. ¿Y Álvaro? ¿Cómo no ibas a querer tu moto en
ese podio de Misano? Creo que fue la mejor forma, desde donde estás, de
agradecer a tu equipo todo lo que hicieron por ti. Hiciste que fuera un
podio nuevo, especial, tan especial como tú eras.
Pero tengo que serte
sincera. No todo es tan feliz aquí abajo, al menos hablo por mí. Quería
esperar a hacerte esta carta cuando hiciera un año de tu muerte (aún me
cuesta decirlo con esas palabras), pero no he podido. Con el homenaje
del jueves, los entrenamientos libres del viernes, etc., no he podido
evitar que se me encogiera el corazón cada vez que he visto esa curva.
Tú y tú recuerdo aparecíais otra vez. Esas fatídicas imágenes que
aparecen fotograma a fotograma: tú cayendo, sin soltar el embrague, la
moto que vuelve a la trazada… Y el dolor, las lágrimas, la impotencia.
Todas las sensaciones vuelven como si lo estuviera viviendo de nuevo.
Pienso en aquellas imágenes de tu padre, cuando te tenían ya en la
clínica móvil, en tu novia Kate al borde del ataque de ansiedad. Aún me
quedo helada recordando la cara de Valentino, como un niño perdido que
no entiende que ha pasado, pero siente que pierde uno de sus bienes más
preciados. Y yo, delante del ordenador, trabajando, rezando, sin ser
creyente, para evitar lo inevitable. No consigo borrar todo eso de mi
mente y menos cuando aparece esa curva once.
No quiero que esto
termine como una carta triste porque no quiero que pienses que aquí se
te recuerda con pena o con dolor. Cuando pensamos en ti todos te vemos
como eras: divertido, alocado y sincero. Como soy una friki de las
motos, de vez en cuando veo vídeos tuyos, de estos que los pesados de
los medios os hacemos hacer a los deportistas, y me parto de risa.
Tenías un carisma especial y era imposible no sonreír viéndote. Además
de una sonrisa bonita era una sonrisa contagiosa y plena, de esas que
llegan al corazón de cualquiera y lo iluminan. Y, créeme, también te
recordamos como el buen piloto que eras. Nadie, anime a uno u otro en
pista, puede negar eso. Ya estabas en el camino y hubieras llegado
lejos, a mí no me engañas SuperSic, todo lo lejos que estás llegando ahí
arriba.
No quiero terminar sin
darte las gracias por habernos hecho a todos reflexionar sobre lo que es
este deporte, aunque tuviera que ser por tu trágico final. Por hacernos
pensar en las tonterías que nos preocupan a veces en las que acabamos
atacando sin límites a un piloto por defender a otro, en las que nos
cegamos y no somos capaces de ver la pureza, la realidad. También darte
las gracias por unirnos a toda la afición para que, así, vivamos más
este deporte, de forma más limpia, agradable y más divertida. A nivel
personal darte las gracias por, a pesar de no haber tenido ningún tipo
de relación contigo, hacerme sentir todo lo que eras y, como he empezado
esta carta, también agradecerte el hacerme creer que hay un cielo en el
que estáis todos disfrutando aún del placer del motociclismo.
No te olvides de saludar de nuestra parte a Tomi, tampoco nos olvidamos
de él. Estamos seguros de que os estáis cuidado bien el uno al otro y
que dais un poco más de alegría a todos los que os acompañan. Por favor,
cuidad de los que siguen aquí.
Ciao, Sic.
Sarai sempre con noi."