jueves, 5 de diciembre de 2013

El título es tu nombre

Si me muero, que esparzan mis cenizas en el punto más alto de tu cama -que viene a ser algo parecido al vértigo de observar tu cuello cuando me cuelgo del lóbulo de tu oreja y miro ese lunar y esa clavícula y siento la insoportable necesidad de saltar como avión suicida a tus Torres Gemelas-
Alquílame tu pecho para quedarme a vivir siempre ahí y que a la vez, nunca sea del todo mío y siempre tenga que convencerte para que sea yo, y nadie más, tu única inquilina.
Porque contigo he aprendido que la palabra Libertad tiene su auge más alto cuando me coges de la mano y soy yo quien no quiere soltarte.
Poesía no sé, pero Amor, eres tú, y parece mentira que no lo sepas.

Te quiero –te digo.

Te creo –contestas.

Y entonces todo tiente sentido.
Como cuando te explico que todo aquello del dolor era un juego peligroso y adictivo al que acabé suplicando de rodillas para que no se fuera aunque nunca llegase a existir.
Como cuando te digo que desde que tú, por fin soy yo, sin máscaras ni aditivos, y que por eso ya no necesito matarme sino vivirte para saber qué es la vida y qué la muerte.
Como cuando estamos en la cama hablando sin aliento sobre aquel primer beso y acabamos teniendo el mejor polvo de palabras que nunca nadie antes ha leído.
-Perdona: tú me conociste como la chica triste que escribía triste sobre cosas tristes, y nunca te la he presentado:
La mataste con la primera sonrisa.

Ataque al corazón a mano armada.

Y ya van veintiún meses.

Y me duele como nunca la cara de tanto reírte, de tanto sentirte, de tanto besarte.
Y cómo querer entonces volver a ser triste, volver a estarlo-
Así que si muero, hazme caso, esparce mis cenizas desde el punto más alto de tu cama, y encárgate de que todo el mundo se lleve un poco de lo que soy ahora para que al menos dejen de preguntarse qué es el Amor y empiecen a vivirlo de una maldita vez.

Amor es querer enamorarte cada día, como un alquiler de latidos en el que siempre acabo siendo yo la ocupa de tus sentimientos.


El resto, que se lo pregunten a tu pecho.

domingo, 1 de septiembre de 2013

Ven ahora, bajito, sin que nadie se entere, que te dejo la ventana abierta y las ganas de besarte en la puerta, para que no te pierdas. Vente, que llega el Otoño y yo sólo tengo frío si te imagino tiritar bajo las sábanas. Vente, de puntillas, suave, despacio, que te tengo que contar los lunares por si algún día se te pierde alguno. 

Porque me encontraste en medio de la nada, perdida y con los ojos cerrados, y me dijiste que jamás soñara con volver a abrirlos, que de sueños también se vive. Y yo me quedé ahí, mirándote, preguntándome si no serías tú parte de uno de ellos. Y es que después de haber besado tu sonrisa rota solo puedo imaginarme cosiendo mis labios a los tuyos. 

(Imaginando que tú quieres mis labios en los tuyos).

Déjame decirte, ahora que duermes, por qué llueve. Por qué llora el cielo cuando te ve bailar. Déjame decirte que las gotas son besos suaves y fríos y que las tormentas son sólo una escusa para mojar tu piel desnuda. 

Tú no entiendes por qué llueve porque nunca has visto llover sin ti.

Y no sabes, que no hay pecado más delicioso que verte sonreír de lado, ni existe morbo más tentador que lamerte las heridas con cuidado. ¿Sabes? podría vivir en una de tus cicatrices el resto de mi vida. Podría vivir enredada a tu pelo, amordazándote la boca a besos, podría vivir en los pliegues de tus labios, en el fondo de tus ojos. Acurrucada en ti el resto de mi vida.

Y es que no encuentro una razón mejor para escribir de madrugada que la de recitártelo a ti después bajito, y es que no sé qué hace Neruda hablando de poesía cuando no te ha visto repasar entre susurros la lista de la compra, ni entiendo que el Sol siga saliendo los días que tú decides quedarte en la cama. 

Anda, ven, que aprieta el frío y las ganas de matarte de calor. Pero ven bajito, de puntillas, que no se entere nadie, ni nadie se entere... de lo que nos vamos a hacer.

viernes, 30 de agosto de 2013

42ins



¿Sabes? No te dedico un Tweet porque, además de que lo hago con frecuencia, mi intención es reflejar en algo más de 140 caracteres lo que tú me transmites. Hablo en primera persona, pero sé que no soy a la única que haces sentir tantas cosas sin explicación alguna.


Cuando te subes a la moto me enseñas que hay un motivo por el que luchar, cada fin de semana, cada día, para optar a la gloria el domingo. Que nada es fácil, pero con paciencia y constancia, todo llega. Esa facilidad que tú tienes para jugártela y que no sólo sea la moto la que va a más de doscientos, también mi corazón que, aunque desde lejos, empuja esa KTM con el dorsal 42.


Aún te queda mucho camino por delante, prácticamente todo, aún estamos empezando. Y, ¿sabes que es de lo que más orgullosa me voy a sentir? De recorrer ese camino contigo. Que cuando caigas, no te levantes solo, que ahí estaré para sufrir contigo y animarte. Que cuando ganes, la alegría no será solo tuya, tú transmitirás esa fuerza que te caracteriza, esa timidez de un chico tan joven y a la vez tan grande, pero cuando SEAMOS campeones, la timidez quedará a un lado, saldrá a la luz esa madera de campeón que tienes. Que ya tienes. Que ya la gente ve en ti. Que tienes ese ángel. Que no sólo pilotas la moto, que la haces ir como un pincel en un lienzo en blanco.

Con esto quiero decirte, que transmites más de lo que seguramente imaginas. Ver a tu ídolo cómo va alcanzando sus sueños es algo muy, muy, muy grande. Sueños que, cuando creas rotos, yo voy a estar ahí para recomponerlos y que sepas que si ya has llegado hasta aquí, no ha sido un golpe de suerte. Ha sido
tu talento, tu garra, tu vida dedicada a este tan maravilloso deporte.
Y tanto texto para decirte sólo una palabra: gracias. Siete letras que dicen mucho en muy poco.

Sé que este es nuestro año, y que después de este vendrán más. Sólo que sepas que no corres solo, que detrás de tu moto vamos nosotros empujándote, animándote. Que en Silverstone vas a dar mucho gas, empezando por mañana a primera hora y acabando con el sabor tan dulce que es el de la victoria. Con esto, que espero que lo leas, quiero darte un pequeño empujón para mañana y para el resto del campeonato, que nadie dijo que fuera fácil, pero será increíble estar a tu lado en todo momento.



jueves, 25 de julio de 2013

Sé que te quejas de que no suelo escribirte textos como tú haces cada día antes de irte a dormir, a los cuales ni te respondo de la "rabia" que me da el no poder hablar contigo cinco minutos más. También de lo poco que te digo que te quiero, que tan solo cuando estamos abrazados y nunca por teléfono, que es cuando estamos lejos y quizá sea cuando más lo necesitas. Te molesta que me ponga de morros, que te diga a todo "me da igual" y que te esté incitando a comer a todas horas. Pero sé que, aunque no mucho, te gusta que me enfurruñe cada vez que veo algo de cualquier otra chica en tu móvil, o que "la líe" por cualquier sitio con tal de defenderte. Pero sé que más te gusta cuando (no siempre) te doy los buenos días, o cuando te busco para poder hacerte el amor, o cuando nos hinchamos a pizza. Pero, ¿sabes qué? Más me gusta a mi haber encontrado al chico con el que quiero vivir todo lo que me queda. Sí, lo sé, porque discutimos, nos gritamos, nos insultamos y hasta te pego, pero no sé por qué sigues perdonándomelo y no suelo tardar mucho en perder el culo e ir contigo. Que a mi no me hablen de París, NY o Cádiz que el mejor sitio del mundo está entre tus brazos (y la mejor marca de ropa, que no te engañen, no es Chanel, es tu piel). Estarás a puntito de irte a dormir -cosa que te gusta más que amanecer a mi lado- y quiero que sea con una sonrisa. No sé si lo habré conseguido, pero por cada día que esté sin poder saber de ti las 24 horas, no dudes que te espera algo de esto. O no. 
Te quiero, mi pequeño desastre

lunes, 25 de febrero de 2013

Querías la descripción de una lágrima porque decías que mis palabras podrían conseguir embellecerla, como si eso no fuera todavía más triste, mis palabras…
Querías que hablara de balas y de milagros como diamantes en nuestros dedos, que mis palabras se hicieran carbón y te calentaran, que recogiera la hoguera, el naufragio y las imposibilidades y los hiciera habitables, cómodos, modestos. Yo, que siempre tuve miedo a las celdas, a los espacios vacíos o sin ti, mejor dicho, no sé, se me metió una libertad entre reja y reja, divisé horizontes y anhelos, me obsesioné con las ventanas abiertas del futuro…
Qué pena las cosas bellas, qué manía tiene la tristeza de ponerse guapa.
Tengo una derrota en tu mejilla. He podado los bordes y limado las grietas, ya no tengo qué hacer pero sí dónde ir, puede que no necesite mucho más, a veces es verdad que paseo borracha por autopistas
de ciegos que juegan a las pistolas, espera, me voy a encender un cigarro y regalar una sonrisa de casualidad al destino, por sus chistes macabros y su ansiedad de amuletos, a veces es cierto que me deshago como polen entre los dedos, como materia entre gusanos, y este look de adicción y nicotina, de trapecista magullada, de chica triste que sonríe sin pedir disculpas por el arrebato de bailar en las recaídas, esta estampa de coche empotrado contra la pared soy yo. 
También.
Tú querías la descripción de una lágrima. No mis palabras.

Así que te hice el amor. Y me corrí en tu cara.

jueves, 10 de enero de 2013

Poema de un perro

Y cuando Tu sales, todo está vacío otra vez... Y vuelvo a esperarte siempre y siempre...
Por el sonido de tu coche; por tus pasos; por tu voz; por tu estado siempre inconstante del humor; por tu olor; por tu reposo bajo mi vigilia; por tus ojos; por tus manos.
Y soy feliz así. Yo soy el que te espera: ¡Soy tu perro!

martes, 1 de enero de 2013

Nadie podrá con nosotros

Porque no. Porque aún no ha nacido la crisis que pueda con nosotros. Porque esperamos a los problemas con traje de luces y a puerta gayola. Porque, como el mimbre, antes partimos que doblamos. Porque el cielo no caerá sobre nuestras cabezas. Porque pueden matar al soñador pero nunca al sueño. Porque nos caemos para levantarnos. Porque todos los días sale el sol, chipirón. Porque siempre nos quedará París. Porque bailaremos bajo la lluvia. Porque somos salmones nadando a contracorriente. Porque mientras nos queden reinas en el tablero, no hay temor al jaque mate. Porque no hay jefes idiotas, sino copas de menos. Porque si las flechas ocultan el sol, pelearemos en la sombra. Porque con dinero y sin dinero hago siempre lo que quiero. Porque en el cielo todos los santos son de nuestro bando. Porque los patos de Central Park vuelven en primavera. Porque soy el Coyote y tú, mi Correcaminos. Porque nada sabe mejor que la primera copa tras exámenes. Porque mi vida es una partida del Monopoly: aunque no tenga dinero y me joda, seguiré pasando por tu calle una y otra vez. Porque esto no es más que una mañana de resaca. Porque saldremos de nuestra Jungla de Cristal. Porque nunca fuimos aficionados a las misas de réquiem. Porque seguirá sonando Sinatra. Porque encontraremos la tarta de queso, el steak tartare y el gin tonic perfectos. Porque somos unos verbenas. Porque nunca nos podrán robar el mes de abril. Porque podremos estar parados, pero jamás quietos. Porque más se perdió en Cuba. Porque quedan muchas maletas por hacer y muchos lazos de vestidos por deshacer. Porque los días de sol están a la vuelta de la esquina. Porque, como los violinistas del Titanic, tocaremos y bailaremos hasta que el agua nos llegue al cuello.

A por ellos, mis valientes, que para morir nacimos.