Tú y yo cuando cocinamos para alguien es porque le queremos, porque queremos quererlo, o porque cabe la posibilidad de que le queramos. Si hay algo importante que he aprendido, es que la vida hay que celebrarla a la menor ocasión, que el día de hoy no vuelve y que pasado mañana tendremos ochenta y tantos y no habrá marcha atrás. Piénsalo, no importa la edad que tengas, jamás serás más joven que hoy, y cuando con esos ochenta y tantos estés plácidamente sentada pensando en tu vida, recordarás el día en que cogiste el coche y condujiste cinco horas del tirón para darle una sorpresa a alguien, y las veinte veces que te besaron por primera vez.