martes, 17 de julio de 2012

Corren malos tiempos para los soñadores.

No siempre podemos disfrutar y vivir “el momento”. Hay un punto, que a veces perdura en el tiempo, en el que se quiere y precisa pensar “las cosas”, tal vez para reflexionar o saber si se está realmente satisfecho o no, lo cual permite seguir con plena seguridad o saber al menos qué, cómo, cuándo, por qué y para qué algo se ha de modificar.
Habrá en consecuencia personas “de momentos”, que no marcarán la diferencia, no por ello esto un pecado, pero habrán otras que por su capacidad de influir y resultar trascendentes permanecerán de forma inconsciente en las ideas, el discurso y el acto de segundos y terceros. Su ser, por tanto, no queda limitado a su tiempo y espacio y tendrá la capacidad de poder personificarse hasta en lo más abstracto.
Juego entonces a no ser uno más de ese montón amorfo y hueco, repleto de tonterías desorientadas e impropias, subyugadas por la misma presión modal o aquella mal llamada “normalidad”, hoy día muy “o sea, ¿relajado sabes?”, con la que muchos pretenden vivir (como animales cachondos en realidad, sin saber o desconociendo que se disfrazan de “gente” para alardear del portento de un montón de cuestiones que desconocen o no disciernen).
Entonces, de forma aguda, sonó el despertador biológico (tiiiiií tiiiií…) para despertarme atormentada, luego de haber soñado en las caretas de hoy en día, me veía como el guasón (sí, el de batman) que intentaba robar el corazón, con un beso, a Peaches (la de Mario Bros) frente aquel castillo que se encontraba al final del túnel vegetal que lleva a la tierra de nunca jamás.

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